Cada vez que interactuamos con el mundo online, dejamos un rastro de datos, un recordatorio digital de nuestra actividad.
Así nos recuerda Amnistía Internacional que mandar un email no es
gratuito, compañías como Google guarda la hora a la que lo hemos
mandado, su contenido, a quién se lo hemos mandado, desde dónde.
Google y Facebook destruyeron nuestra privacidad con el tiempo. Ahora
estamos atrapados, dijo el secretario general de Amnistía
Internacional, Kumi Naidoo, en un comunicado. "O debemos someternos a
esta maquinaria de vigilancia generalizada, donde nuestros datos son
fácilmente usados para manipularnos e influir en nosotros o renunciamos a
los beneficios del mundo digital. Esto nunca puede ser una opción
legítima".
En el centro del debate están los montones de datos que Facebook y
Google recopilan sobre miles de millones de personas que usan sus
servicios. Los datos permiten a las empresas orientar con precisión a
los usuarios con anuncios basados en sus intereses, hábitos de compra y
otras características.
Al mismo tiempo, las fuerzas del orden y otras agencias gubernamentales
están tratando de obtener acceso a los datos de los usuarios de Facebook
y Google, y la orientación de anuncios se puede utilizar para
discriminar a ciertos usuarios, según el informe.


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